Vamos a dar gracias a Dios por nuestra inteligencia, porque es prodigiosa, superior a la de los otros seres vivos, pero, comparativamente con el resto de los animales, somos muy indefensos.
Así que le damos gracias también porque necesitamos mucho de los demás, incluso para llegar a nuestras certezas: esto nos hace humildes no solo desde el punto de vista de las relaciones humanas, sino también intelectualmente.