Mientras el mundo ardía con la guerra de Vietnam, los conflictos en Oriente Medio, los disturbios raciales en EEUU, las revoluciones y golpes de Estado en Latinoamérica, Lennon imaginaba un mundo sin fronteras ni religiones. La canción también brilla por su simpleza y elegante armonía. Las malas lenguas dicen que Lennon quedó picado por el éxito que McCartney consiguió con Let it Be, y ya en pleno cruce de dagas con su excompañero (como lo refleja en How do you sleep) buscó también crear la canción perfecta. Y no le salió nada mal. Pero no es la única joya de este disco, el segundo en su carrera tras la separación de los Fabulosos Cuatro: Jealous Guy es una de las baladas más hermosas que jamás haya compuesto Lennon. La faceta experimental que abordaba con Yoko Ono queda reflejada en I Don’t Wanna Be A Soldier y la carga política de Gimme Some Truth mantiene esa línea musical que ya había trazado en el White Album de los Beatles.