Lastimosamente hemos traficado con culpas, con dolor. Cada uno de nosotros delante de Dios hemos sido perdonados, fuimos vistos como pecadores por última vez cuando Jesús clamó en la cruz. Cuando entramos al desierto de la culpa vamos a tener sed, que nos llevará a ver lo que no es real. Hay personas en hacernos sentir fracasados, quienes juegan con tu necesidad de crecer.