Es la jodida vida, la que distribuye el protagonismo de forma aleatoria, y nosotros, tragándonos el orgullo y el egoísmo pasamos a ser secundarios para lucimiento de otros.
Dejamos de ser buscadores de sueños, para convertirnos en aliento y fuerza.
Son sensaciones tan íntimas y personales, que quien no las ha sentido nunca, puede entenderlas de forma errónea.
No, no hay culpables.