Un libanés me contó una historia: la de un hombre que entró en el despacho que Dios tiene en el cielo. Y sobre la mesa vio unas gafas: las gafas de Dios. Y este hombre no resistió la tentación de ponérselas, pensando que Dios no le veía en ese momento porque estaría atendiendo otros asuntos. Y al ponerse las gafas vio toda la malicia de los hombres: asesinatos, crímenes... un cúmulo inmenso de barbaridades.
Pero el Señor sí lo vio y le dijo:
–¿Qué haces poniéndote mis gafas?