Nadie cambia por imposición o por control. Debemos aprender a reconocer que las personas tienen debilidades pero también fortalezas y eso aplica con nosotros mismos, pero no debemos esperar una valoración externa primero, ya que debemos aprender a valorarnos. La autovaloración producto de nuestra relación personal con Jesucristo, que es el centro de nuestra valía, nos ayudará a no buscar valoración externa.