Descansando en Dios

1257 - Hageo 2. Las bendiciones de la obediencia. Hag 2:19


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1257 – Hag 2:19 – Hageo 2. Las bendiciones de la obediencia.

¿No está aún la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de olivo ha florecido todavía; mas desde este día os bendeciré.

El pueblo de Dios había aprendido que las bendiciones de Dios están condicionadas a la obediencia de Su Palabra. Este tercer mensaje en Hageo 2:10-19 procuraba demostrar que a pesar de la desobediencia que había ocasionado la interrupción de las bendiciones de Dios, la obediencia del pueblo haría que sus bendiciones volvieran a estar disponibles porque “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.” (Pr 10:22). Dios a través de Hageo enseña que la obediencia a la Palabra de Dios permite recibir las bendiciones de Dios y vivir en santidad disfrutando a plenitud la presencia de Dios. La santidad es individual y no es contagiosa. Significa que una persona no es santificada por andar o vivir con alguien que anda en santidad. La fe produce un corazón obediente y vida en santidad. “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba.” (He 11:8). La incredulidad produce desobediencia y lleva al cristiano a pecar y alejarnos de Dios. “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo;” (He 3:12). El proverbio popular enseña que una manzana podrida daña el resto de las manzanas. Pablo advierte: “No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo.” (1Co 15:33-34).

I. Comparación ritual mostrando la corrupción que produce el pecado (Hg 2:11–14). “A los veinticuatro días del noveno mes, en el segundo año de Darío, vino palabra de Jehová por medio del profeta Hageo, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Pregunta ahora a los sacerdotes acerca de la ley, diciendo: Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes y dijeron: No.” (Hag 2:10-12). La introducción al tercer mensaje especifica la fecha: a los veinticuatro días del noveno mes de Kislev (18 de diciembre), del año 520 a.C., fecha en que una vez más, el profeta Hageo recibió palabra de Jehová. El profeta Zacarías inició su ministerio (Zc 1:1) durante los dos meses que pasaron desde que Hageo entregó su segundo sermón (Hg 1:1, “mes séptimo”; Hg 1:10, noveno mes). La primera pregunta de Hageo es referente a la transmisión de la santidad ritual que recibió una respuesta negativa de los sacerdotes. La carne santificada se separaba con un propósito sacrificial específico (Lv 6:25-27; Nm 6:20). Aunque la falda de la ropa que contuviera a esa carne también sería santa, esa santidad no podía transferirse al pan, vianda, vino, aceite, o cualquier otra comida. Aprendemos que la santidad es individual y no se trasmite de persona a persona. El que santifica es Dios de manera personal al arrepentirnos y apártanos del pecado, nos limpia de nuestros pecados “pero si andamos en luz, como Él (Dios) está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1Jn 1:7). “Si confesamos nuestros pecados, Él (Dios) es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” (1Jn 1:9). El cristiano no practica el pecado, pero si llegaremos a pecar, Dios ha provisto solución para vivir en santidad: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” (1Jn 2:1). Luego Hageo confronta al pueblo con lo contagioso del pecado por la incredulidad y la desobediencia “Y dijo Hageo: Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, ¿será inmunda?

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Descansando en DiosBy Francisco Atencio