1278 – Mal 1:6– Malaquías 2. Dios merece lo mejor.
El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?
El Mensaje de Malaquías fue para recordar a los judíos, que ellos habían sido escogidos por la pura gracia de Dios con el propósito de mostrar la Gloria de Dios a las otras naciones, sin embargo, ellos habían fallado como la nación escogida de Dios, debido a que no estaban respondiendo al amor, sino que por el contrario estaban desobedeciendo en forma voluntaria. (Mal 1:1-5, 11, 14; 2:2). En una fuerte reprensión tanto de sacerdotes (Mal 1:6-14; 2:1-9) como del pueblo (Mal 2:10-16), el profeta les recuerda que la venida del Señor que estaban buscando (Mal 3:1) sería en juicio para refinar, purificar y limpiar (Mal 3:2-3). Malaquías con seis (6) denuncias, reclamos en forma de quiasmo (concéntrica), condenó a los sacerdotes y al pueblo, por lo menos en seis áreas de pecado deliberado: Repudiar el amor de Dios (Mal 1:2-5). Negarse a darle a Dios el honor que se merece (Mal 1:6-14; 2:1-9). Rechazar la fidelidad de Dios (Mal 2:10-16). Redefinir la justicia de Dios (Mal 2:17; 3:1-5). Robar las riquezas de Dios (Mal 3:6-12). Maldecir la gracia de Dios (Mal 3:13-15 - 4:3). Esta segunda de seis denuncias de Dios a través del profeta Malaquías trata sobre la infidelidad del liderazgo espiritual, los sacerdotes del pueblo de Dios. La Ley de Dios requería que se sacrificaran animales vivos y sin defectos (Lev 1:3). Pero estos sacerdotes estaban ofreciendo animales ciegos, cojos y algunos ya muertos. Dios acusó a Israel de deshonrarlo al ofrecer sacrificios imperfectos. Iglesia vivamos en santidad: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” (Ro 12:1).
I. Acusación: Habían deshonrado a Dios (Mal 1:6a). “El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre?” Malaquías hace uso de la figura literaria de doble interrogación y habló de las relaciones consideradas correctas en la sociedad, algo que Israel ciertamente quería promover. El hijo honra al padre, y el siervo a su Señor. La pregunta natural que esto provocó fue: ¿Qué tipo de relación consideraba Israel similar a su relación con Dios? El cuestionamiento divino se presenta con agudeza: “si, pues, yo soy padre ¿dónde está mi honra y gloria?” Dios dijo “Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová: Crié hijos, y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí.” (Is 1:2). Por tanto, ¿cómo era posible que la nación que era su sierva no lo honrara? La segunda pregunta del Señor es más fuerte: “si soy señor, ¿dónde está mi temor?” La acusación es: Oh sacerdotes, vosotros menospreciáis mi nombre, los sacerdotes eran los responsables de enseñar al pueblo la Palabra de Dios para convertir sus corazones a Él (Neh 9:38–10:39 comparar con Esd 6:16–22; 7:10). ¿Si los sacerdotes no honraban a Dios, que se podía esperar del pueblo? ¿Si los pastores y maestros no honramos a Dios que se puede esperar de la iglesia?
II. Israel cuestiona la acusación (Mal 1:6b). Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? Los sacerdotes eran insensibles a su pecado, porque que no querían entender que habían desechado a Dios. Pablo exhorta: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2Co 13:5).
III. Dios prueba su denuncia (Mal 1:7-14).