Descansando en Dios

Descansando en Dios

Download on the App Store

Descansando en Dios episodes

  • 1432 - Evangelios. La sepultura de Jesús. Mt 27:59-60

    1432 – Mt 27:59-60 – La sepultura de Jesús.

    Y tomando José el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.

    ¿Quién sepultaría a Jesús? ¿Sería sepultado en una fosa común como se acostumbraba para que las aves de rapiña consumieran su cuerpo? Aprendemos que después de la tempestad viene la calma que permite apreciar mejor lo que permanece. La muerte de Jesús empezó a generar evidencias de como el temor emocional se convierte en temor reverencial y espiritual. Observamos también la lealtad compasiva de los seguidores y discípulos de Jesús. Los discípulos que estaban visibles al público durante el ministerio de Jesús estarán escondidos cuando más los necesita y los que eran seguidores en lo secreto son los que dan evidencia de la verdadera fe. Mateo hace posible que la sepultura de Jesús no sea algo obvio.

    Antesala a la sepultura de Jesús. (Mt 27:54-56). Mateo lo describe diciendo “El centurión, y los que estaban con él guardando a Jesús, visto el terremoto, y las cosas que habían sido hechas, temieron en gran manera, y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.” (Mt 27:54). El temor de los soldados da testimonio de su conciencia de pecado, y su asombro reverencial ofrece testimonio de haber sido confrontados por la santidad y justicia de Dios. Por Lucas sabemos que solamente el Espíritu de Dios pudo haber inspirado la confesión del centurión y sus hombres para que le dieran la gloria a Dios. “Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo.” (Lc 23:47). También observamos que la lealtad compasiva es una de las características más hermosas y distintivas de las mujeres piadosas, siendo por lo general más evidente en ellas que en los hombres piadosos. Mateo registra que “Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo.” (Mt 27:56). Mujeres que habían seguido y servido a Jesús durante su ministerio publico seguían firmes, leales dando la cara en público antes, durante y después del sacrificio de Jesús. A excepción de Juan, los doce brillan por su ausencia en la escena junto a la cruz. Judas se había suicidado, y los otros diez estaban escondidos por temor a perder sus vidas. Durante el momento de mayor necesidad del Señor, ellos habían fallado temporalmente al principio básico del discipulado exigido por Jesús: “El que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí” (Mt 10:38).

    Discípulos secretos (Mt 27:57-58). El hombre falla a sus compromisos en los momentos más apremiantes, pero la soberanía de Dios permanece para siempre para que se cumpla lo que está establecido en la eterna Palabra de Dios. Mateo registra que: “Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo.” Por la soberana voluntad de Dios, un discípulo secretamente de Jesús, es movido de manera valiente y osada a exponerse para dar la cara por el Señor. José no solo era un hombre rico, cumpliendo así la profecía de Isaías (Is 53:9), sino que era “miembro noble del concilio”, el sanedrín, que “esperaba el reino de Dios” (Mr 15:43). Sin embargo, al contrario de los otros miembros, él era un “varón bueno y justo” que “no había consentido en el acuerdo ni en los hechos de ellos” de condenar y ejecutar a Jesús (Lc 23:50-51). Juan dice que José de Arimatea también “era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos” (Jn 19:38). Juan informa que Nicodemo, un importante fariseo, otro discípulo secreto de Jesús (Jn 3:1), se unió a José de Arimatea en el sepulcro, “trayendo un compuesto de mirra y de áloes,

    7 min
  • 1431 - Evangelios. Milagros durante la crucifixión. Mt 27:51

    1431 – Mt 27:51 – Milagros durante la crucifixión.

    Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron;

    En Mateo 27:45-56 se describen las horas finales de Jesús en la cruz. Pero también se registra de modo poderoso el significado de la cruz con el relato de seis milagros, que forman el propio comentario del Dios todopoderoso, sobre el significado de la cruz.

    M1. Tinieblas sobrenaturales (Mt 27:45). “Y desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena.” Mateo describe el primer milagro de manera sencilla que corresponde a la realidad de un hecho histórico. Mateo que no dio muchos detalles en el evangelio, acá dice que hubo tinieblas desde la hora sexta, doce del mediodía, hasta la hora novena, tres de la tarde. Hubo tinieblas, no era una nube negra, sino una densa oscuridad sobre toda la tierra que duró tres horas, no fue un eclipse ni otro evento que puedan argumentar los científicos. Dios cubrió con un velo de oscuridad el momento cumbre de la cruz. La oscuridad significa juicio en la Biblia, algunas citas bíblicas en Ex 10:14-15; Is 5:30; 60:2; Jl 2:30-31; Mt 24:29-30; Hch 2:20; 2Pe 2:17; Ap 6:12-17. Se velaba a los ojos de los hombres el momento en donde el Hijo sufría el desamparo del Padre a causa del inmenso juicio divino por el pecado de los hombres.

    M2. Juicio soberano (Mt 27:46-49). “Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? Algunos de los que estaban allí decían, al oírlo: A Elías llama éste. Y al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, y la empapó de vinagre, y poniéndola en una caña, le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarle.” EL segundo milagro ocurrió cerca de la hora novena, tres de la tarde. En este milagro único y extraño, Jesús estaba clamando angustiado debido a la separación que ahora experimentaba de su Padre celestial por primera y única vez en toda la eternidad. Jesús siempre llamaba a Dios, Padre. Ahora lo llama Dios porque actuaba como juez del juico soberano de la ira de Dios por los pecados de toda la humanidad (Is 53:5; 1Jn 2:2). No lo abandona, la Trinidad es inseparable e indestructible, Pablo explica: “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (2Co 5:19, 21; 1Pe 2:24).

    M3. Partida soberana (Mt 27:50). “Mas Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.” Un tercer milagro durante la crucifixión fue que Cristo se entregó a la muerte, en sacrificio voluntario, que en obediencia a la voluntad de su Padre el Hijo hizo de sí mismo por los pecados del mundo. Entregó tiene el significado básico de soltar o enviar, indicando un acto de voluntad. La vida de Jesús no le fue quitada por los hombres; más bien Él rindió su espíritu por el acto consciente de su propia voluntad soberana. (Jn 10:18). Las últimas palabras que el Señor clamó desde la cruz fueron: “Consumado es” (Jn 19:30), indicando que el plan de salvación estaba cumplido. Luego, de manera soberana partiría dirigiéndose otra vez a Dios como su Padre, declarando: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23:46).

    M4. Devastación del santuario (Mt 27:51a). “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo;” El cuarto milagro que ocurrió durante la crucifixión fue la devastación divina del santuario, cuando el velo del templo se rasgó en dos. El velo del templo tenía 10mts de largo y 10cmts de ancho. Separaba el lugar santo del lugar santísimo. En el lugar santísimo se manifestaba la presencia de Dios y solo tenía acceso el sumo sacerdote una vez al año. Cuando Cristo entregó su espíritu se completó el sacrificio hecho una sola vez y para siempre, y ya no existía la necesidad de un velo. Viniendo al Hijo, cualquier ser humano ahora podía llegar directamente a Dios sin necesidad de sacerdote, sacrificio o ritual.

    8 min
  • 1430 - Evangelios. Las siete palabras. Mt 27:46

    1430 – Mt 27:46 – Las siete palabras.

    Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

    Las siete palabras son conocidas como las últimas palabras o expresiones mencionadas por Jesús en la cruz del Calvario. En ellas Jesús demuestra su deidad, misericordia, perdón, paternidad, humanidad, y ser el Salvador de todo aquel que cree en Él. Enseña el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.” (1Pe 3:18). Veamos las 7 palabras, su atributo, doctrina y enseñanza.

    Palabra 1. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34) Atributo de Dios: Intercesor (Ro 8:34; He 4:14-16; 7:25). Doctrina: Perdón. Deber para el creyente: Perdonar para mantener la comunión con Dios y el prójimo. Miqueas enseña ¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia.” (Miq 7:18). El Señor manda: “soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Col 3:13)

    Palabra 2. “Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43). Atributo: Rey de reyes, Señor de señores. Doctrina: Resurrección. Deber para el creyente: Creer en la esperanza de la resurrección y la vida eterna. Juan enseña: “y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre.” (Ap 1:5). Es la esperanza viva del cristiano: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,” (1Pe 1:3).

    Palabra 3. Jesús en la cruz dijo a María y a Juan: “Mujer, he ahí tu hijo… hijo he ahí tu madre.” (Juan 19:26-27). Atributo: Paternidad. Doctrina: La familia, amor fraternal. Deber del creyente: Amor fraternal con la familia y el prójimo. Cumplir la ley de Cristo (Jn 13:34-35). ¿Por qué Jesús no confió esto a sus medios hermanos de sangre? No eran creyentes. Pablo enseña: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!” (Ro 8:15). Juan exhorta: “Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.” (1Jn 4:7).

    Palabra 4. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt 27:46; Mr 15:34). Atributo: Humanidad, la ira de Dios. Angustia por la separación del Padre durante el juicio por los pecados de la humanidad. No lo llama Padre porque Dios actúa como juez y no como Padre. Doctrina: Sustitución. Deber del creyente: Confiar siempre en Dios. Pablo enseña “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”. (Ro 3:24-25). Juan afirma que Cristo “es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1Jn 2:2).

    Palabra 5. “tengo sed.” (Juan 19:28). Atributo: Humanidad. Doctrina: Encarnación. Deber del creyente: Valorar, amar la palabra de Dios. Jesucristo demostró ser Perfecto Dios, Perfecto hombre. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Jn 1:14). Creer en el misterio revelado de la piedad: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto

    7 min
  • 1429 - Evangelios. La crucifixión de Jesús. Mt 27:35

    1429 – Mt 27:35 – La crucifixión de Jesús.

    Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes.

    La crucifixión de Jesucristo fue la culminación de la historia de la redención, el centro del plan divino de salvación. La obra redentora de Dios culminó en la cruz, donde el Señor Jesucristo llevó los pecados del mundo. La crucifixión de Jesucristo fue, por tanto, la revelación suprema del amor misericordioso de Dios, y la vez el clímax de la profundidad del pecado del hombre crucificando a su Creador. (Jn 3:16; Ro 6:23).

    La vía dolorosa (Mt 27:31-32). Jesús luego de ser escarnecido por los soldados romanos fue llevado para ser crucificado. Mateo informa que: “Después de haberle escarnecido, le quitaron el manto, le pusieron sus vestidos, y le llevaron para crucificarle.” (Mt 27:31). Luego introduce el tema de la crucifixión desde algún lugar fuera de ciudad porque van a encontrar a un hombre que viene del campo y va para la ciudad. “Cuando salían, hallaron a un hombre de Cirene que se llamaba Simón; a éste obligaron a que llevase la cruz.” (Mt 27:32). Desde el lugar del juicio Jesús camino hasta allí llevando su cruz. Juan lo describe “Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota;” (Jn 19:17). Las ejecuciones se hacían fuera de la ciudad prescrito por la ley (Nm 15:35; 1Re 21:13; Hch 7:58). Pero el sacrificio del Señor sería fuera de la ciudad porque con su sacrificio se cumplía el tipo de sacrificio por el pecado, cuyo animal se quemaba parcialmente fuera del campamento (Ex 29:14; Lv 4:12, 21; 9:11; 16:27; Nm 15:35; 19:3). Así se cumplía en Jesús como enseña el escritor a los Hebreos diciendo: “Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta. Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando su vituperio;” (He 13:12-13). El lugar de la crucifixión estaba cerca de la ciudad, pero fuera de ella (Jn 19:20). Fue durante la extenuante procesión camino al Gólgota, conocido como la vía dolorosa, donde Jesús ofreció su último y muy breve mensaje público. Lucas informa que “le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y hacían lamentación por él”. Volviéndose a ellas, Jesús manifestó. “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, sino llorad por vosotras mismas y por vuestros hijos. Porque he aquí vendrán días en que dirán: Bienaventuradas las estériles, y los vientres que no concibieron, y los pechos que no criaron. Entonces comenzarán a decir a los montes: Caed sobre nosotros; y a los collados: Cubridnos. Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará?” (Lc 23:27-31). Jesús extenuado es ayudado por Simón de Cirene que venia del campo. Marcos dice que tenía dos hijos Alejandro y Rufo lo que supone que eran cristianos y conocidos por Marcos (Mr 15:21; Ro 16:13).

    La crucifixión (Mt 27:33-37). El lugar escogido para crucificar a Jesús fue una colina en las afueras de Jerusalén llamado Gólgota, que significa: Lugar de la Calavera. En el lugar de la ejecución y antes de proceder se acostumbraba a dar una bebida a los sentenciados, que actuaba como narcótico con el fin de calmar los dolores iniciales de la crucifixión. A Jesús “le dieron a beber vinagre mezclado con hiel; pero después de haberlo probado, no quiso beberlo.” (Mt 27:34). Jesús estuvo decidido a beber la copa que el Padre le había ofrecido. Soportaría la medida total de dolor físico, emocional y espiritual. Sobre Él, nuestro sustituto, sería el juicio de la ira de Dios que nos correspondía por nuestros pecados. (Is 53:5,10). “Cuando le hubieron crucificado, repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes, para que se cumpliese lo dicho por el profeta: Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes”. (Mt 27:35). Los evangelios no dan detalles como fue crucificado el Señor.

    8 min
  • 1428 - Evangelios. Los escarnios a Jesús. Mt 27:29-30

    1428 – Mt 27:29-30 – Los escarnios a Jesús.

    y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían, diciendo: ¡Salve, Rey de los judíos! Y escupiéndole, tomaban la caña y le golpeaban en la cabeza.

    Luego de Jesús ser flagelado, azotado por los soldados romanos fue entregado para ser crucificado. (Mt 27:26). Un reo condenado a la crucifixión no era considerado en nada y servía como un juguete en manos de los soldados, a quien se le inferían impunemente toda clase de escarnios, insultos, burlas, golpes y atropellos. Mateo usa este momento para describir que Jesús es escarnecido y coronado de espinas. Isaías siglos antes profetizó: “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos.” (Is 53:3)

    Escarnecido por los lideres religiosos (Mt 26:67-68). Lucas informa de las burlas y afrentas contra Jesús, después de la negación de Pedro, por los que habían participado en el arresto y lo conducían al palacio de Caifás. “Y los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban; y vendándole los ojos, le golpeaban el rostro, y le preguntaban, diciendo: Profetiza, ¿quién es el que te golpeó? Y decían otras muchas cosas injuriándole.” (Lc 22:63-65). Luego del acto teatral de Caifás en el segundo juicio religioso contra Jesús, el Sanedrín lo acusa de ser reo de muerte. Entonces algunos miembros del Sanedrín injurian a Jesús. Mateo informa que:” Entonces le escupieron en el rostro, y le dieron de puñetazos, y otros le abofeteaban, diciendo: Profetízanos, Cristo, quién es el que te golpeó.” Para los judíos el insulto supremo era escupir el rostro de otra persona (Nm 12:14; Dt 25:9). La impresionante tumba de Absalón aún se levanta en el valle de Cedrón en las afueras de Jerusalén. Por miles de años los transeúntes judíos han escupido ese monumento para mostrar su desprecio contra Absalón por rebelarse contra su padre David.

    Escarnecido por los soldados (Mt 27:28-30). Jesús fue escarnecido por los soldados por primera vez en el primer juicio al ser interrogado por Anás y al final de la respuesta de Jesús fue golpeado por un soldado. “Cuando Jesús hubo dicho esto, uno de los alguaciles, que estaba allí, le dio una bofetada, diciendo: ¿Así respondes al sumo sacerdote?” (Jn 18:22). Luego en el último juicio a Jesús por Pilato, “después de ser azotado, flagelado, llevaron a Jesús al pretorio”. Los soldados romanos decidieron hacer escarnio público de su prisionero y reunieron alrededor de él a toda la compañía para que observara, “y desnudándole, le echaron encima un manto de escarlata, y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas, y una caña en su mano derecha; e hincando la rodilla delante de él, le escarnecían.” Además de avergonzarlo al estar desnudo, para añadir más dolor y burlas, los soldados pusieron sobre la cabeza de Jesús una corona tejida de espinas, que al ser presionada sobre la cabeza de Jesús, la sangre brotó de las heridas nuevas hasta mezclarse con la sangre que ya le cubría el resto del cuerpo. Al igual que el manto escarlata, la corona de espinas se convirtió en un símbolo involuntario de los pecados que Jesús estaba a punto de llevar sobre sí (Is 53:5). El rostro de Jesús estaba ahora aún más irreconocible y su dolor era más intenso. Isaías dijo: “Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos.” (Is 53:2). Pero aún no contentos, a continuación, los soldados le pusieron una caña en su mano derecha. Al igual que el manto y la corona de espinas, la caña estaba destinada a representar realeza, imitando el cetro de un monarca como símbolo de su autoridad y poder. Para completar la burla sarcástica, los soldados incluso hincaban la rodilla delante de él, y le escarnecían, diciendo: ¡Salve,

    7 min
  • 1427 - Evangelios. La sentencia de muerte a Jesús. Mt 27:22

    1427 – Mt 27:22 – La sentencia de muerte a Jesús.


    Pilato les dijo: ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!


     


    Jesús es enviado por Herodes hasta Pilato para tener su sexto y último juicio donde sería sentenciado a muerte. Por tanto, Cristo se hallaba de nuevo ante el gobernador, quien esta vez “convocando a los principales sacerdotes, a los gobernantes, y al pueblo, les dijo: Me habéis presentado a éste como un hombre que perturba al pueblo; pero habiéndole interrogado yo delante de vosotros, no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre” (Lc. 23:13-15).


    Barrabas (Mt 27:15-23). Mateo dejando incidentes relatados en los otros evangelios, se centra en el caso de Barrabas. Marcos informa que cuando “la multitud, comenzó a pedir [a Pilato] que hiciese como siempre les había hecho” (Mr 15:8), el gobernador recordó que en el día de la fiesta de la Pascua acostumbraba soltar al pueblo un preso, el que quisiesen. Poco se sabe acerca de Barrabás, excepto que era ladrón, asesino e insurrecto (Lc. 23:25; Jn. 18:40). Completamente opuesto a la conducta y testimonio de Jesús. “Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? Porque sabía que por envidia le habían entregado.” (Mt 27:17-18). La envidia es el sentimiento de disgusto por la prosperidad ajena. La envidia procura arrebatar al otro, no posesiones puntuales, sino todo cuanto signifique honores o grandeza espiritual. La envidia es esencialmente maligna (Mr 15:10; Ro 1:29; Gá 5:21; Fil 1:15; 1Ti 6:4; Tito 3:3; 1Pe 2:1). “El corazón apacible es vida de la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos.” (Pr 14:30). Entonces Pilato fue interrumpido por su esposa. “Y estando él sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No tengas nada que ver con ese justo; porque hoy he padecido mucho en sueños por causa de él.” (Mt 27:19). Mateo es el único que registra este incidente y no explica la fuente de los sueños de la esposa, ya que todo lo que había sucedido fue según “el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios” (Hch 2:23). Al hacer eso, la esposa de Pilato añadió su testimonio a la perfección y la inocencia de Jesús. Los enemigos de Jesús, aprovechando la interrupción de la mujer de Pilato, “los principales sacerdotes y los ancianos persuadieron a la multitud que pidiese a Barrabás, y que Jesús fuese muerto.” (Mt 27:20). Pilato preguntó a la multitud: ¿A cuál de los dos queréis que os suelte? Y ellos dijeron: A Barrabás.” (Mt 27:21). Pedro luego les recordaría su pecado, diciendo: “Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.” (Hch 3:14-15).


    Pilato trata de liberar a Jesús (Mt 27:22-23). Pilato al comparar a Jesús con Barrabas trata de influir en el pueblo para soltarlo. Si soltaba a Barrabas preguntaba al pueblo ¿Entonces que haré con Jesús, llamado el Cristo? El pueblo responde de acuerdo la persuasión que habían hecho los lideres religiosos: “Todos le dijeron: ¡Sea crucificado!” Marcos dice que Pilato mencionó a Jesús como “el Rey de los judíos” (Mr 15:12). Ese título lo vinculaba con el Mesías subiendo los ánimos de la gente, manipuladas por los sacerdotes, que repetían clamando, como informa Lucas: “¡Crucifícale, crucifícale!” (Lc 23:21). Juan destaca la miseria moral de las personas que gritaban y de los sacerdotes que los manipulaban, al escribir: “Entonces todos dieron voces de nuevo, diciendo: No a éste, sino a Barrabás. Y Barrabás era ladrón.” (Jn 18:40). Pedían la muerte de Cristo y la libertad de un ladrón. Pilato trató de liberar a Jesús al pronunciar varias veces su inocencia registrada en Mt 27:24; Mr 15:14; Lc 23:4, 13-15, 22: Jn 18:38; 19:4,6.

    8 min
  • 1426 - Evangelios. La muerte de Judas. Mt 27:3

    1426 – Mt 27:3 – La muerte de Judas.


    Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos,


     


    Mateo luego del tercer juicio a Jesús, por parte de las más altas autoridades religiosas judías, hace un breve paréntesis para describir el suicidio de Judas Iscariote (Mt 27:1-3). Ninguno de los otros tres evangelios relata este suceso. Su propósito al presentar la historia de las horas finales de Judas no fue tan solo mostrar el terrible destino de quien traicionara a Cristo, sino también mostrar por varios contrastes la belleza, pureza y majestad del traicionado. Jesús es exaltado incluso en el mísero contexto del pecado y la muerte. Además, resalta la cristología con el cumplimiento de las profecías del AT en el Mesías. El suicidio es asesinarse a sí mismo y es rebelión contra la soberanía de Dios sobre la vida y la muerte. Es un acto de pecado e incredulidad, una clara violación del sexto mandamiento: “No matarás” (Éx 20:13).


    Contraste entre el culpable Judas y el inocente Jesús (Mt 27:3-5).  Judas había seguido el proceso de Jesús y ”viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos”. Judas al ver que Jesús era entregado a Pilato devuelve las treinta piezas de plata. Mateo dice que lo hace arrepentido, según BRV60, pero la palabra en griego que usa Mateo es “metameletheis” que su origen viene del verbo “metamélomai” que significa solo un cambio de pensamiento, remordimiento, lamentarse, pesar. El verbo en griego para arrepentimiento “metanoia” es usado por Pablo que enseña “Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte.” (2Co 7:10). Nos imaginamos las palabras de Jesús golpeando insistentemente en la mente de Judas “Bueno le fuera a ese hombre no haber nacido.” (Mt 26:24). Así que, las treinta monedas de plata le quemaban las manos y busco devolverlas a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Judas estaba contradiciendo la decisión del sanedrín (Mt 27:1). Además, aprendemos que quienes están endurecidos por el pecado, se burlan de los que expresan remordimiento por una mala acción. Ellos respondieron a Judas: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú!” El arrepentimiento genuino conduce a la confesión de pecado ante Dios como el caso del hijo prodigo (Lc 15:21) y quita el peso de carga del pecado, pero el remordimiento solo conduce a reconocer el problema ante los hombres y la carga del pecado se vuelve más pesada e insoportable como fue el caso de Judas que determinó poner fin a su vida. “Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó.” El suceso tuvo que ser muy impresionante. Pedro lo relata diciendo: “Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo, y cayendo de cabeza, se reventó por la mitad, y todas sus entrañas se derramaron.” (Hch 1:18). ¿Judas Iscariote es salvo? No. Ya Jesús con su Omnisciencia lo había confirmado en Jn 6:70-71; 17:12.


    Contraste entre el arrepentimiento de Pedro y el de Judas (Mt 26:75; 27:3). Pedro al negar al Señor la tercera vez, “se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: Antes que cante el gallo, me negarás tres veces. Y saliendo fuera, lloró amargamente.“ El contraste entre Pedro y Judas se observa entre arrepentimiento ante Dios y remordimiento ante los hombres. Pedro fue perdonado y restaurado por el Señor, fuel al primero de los apóstoles que le apareció después de su resurrección (1Co 15:5).  Pedro fue perdonado y restaurado por segunda vez en Jn 21:15-22. “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,”

    7 min
  • 1425 - Evangelios. Los juicios a Jesús. Mt 26:63

    1425 – Mt 26:63 – Los juicios a Jesús.

    Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.

    Jesús al finalizar de orar en el Getsemaní fue entregado por Judas Iscariote quien acercándose a ÉL le dijo “¡Salve, Maestro! Y le besó. Y Jesús le dijo: Amigo, ¿a qué vienes? Entonces se acercaron y echaron mano a Jesús, y le prendieron.” (Mt 26:49-50). Los evangelios se complementan con un suceso durante el arresto de Jesús. Por Mateo y Marcos sabemos que uno de los discípulos de Jesús sacó una espada y le quitó la oreja a un siervo del sumo sacerdote. Lucas dice que fue la oreja derecha y que Jesús sanó su oreja. Por Juan sabemos que fue Pedro quien hirió al siervo del sumo sacerdote llamado Malco (Mt 26:51; Lc 22:50-51; Jn 18:10). Jesús es arrestado esa madrugada en el Getsemaní, sería crucificado ese mismo día y moriría a las tres de la tarde, hora en que se sacrificaba el cordero pascual en el templo. Antes de ser crucificado pasaría por seis juicios, tres de las autoridades judías y tres de las autoridades romanas.

    Juicio 1. Jesús ante Anás (Jn 18:12-23). “Entonces la compañía de soldados, el tribuno y los alguaciles de los judíos, prendieron a Jesús y le ataron, y le llevaron primeramente a Anás; porque era suegro de Caifás, que era sumo sacerdote aquel año.” Este juicio solo es registrado por Juan quien tenía acceso a la casa del sumo sacerdote Anás y Caifás, porque el papá de Juan les vendía pescado. El sumo sacerdote de aquel año era Caifás, pero quien mandaba era su suegro Anás, quien era para los judíos el sumo sacerdote hasta que muriera. Como los romanos no aceptaban que el sumo sacerdote durará más de diez años, Anás asignaba a un familiar, uno de sus hijos, nietos o yernos como sumo sacerdote, pero él era quien mandaba. Por eso, Anás hace el primer juicio a Jesús “Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina.” (Jn 18:19-22). Jesús responde y es golpeado por uno de los aguaciles. Entonces Anás envía a Jesús atado a su yerno Caifás que ya tenía las instrucciones a seguir (Jn 18:24).

    Juicio 2. Jesús condenado por Caifás. (Mt 26:57-68). “Y los principales sacerdotes y los ancianos y todo el concilio, buscaban falso testimonio contra Jesús, para entregarle a la muerte.” (Mt 26:59). No consiguieron testigos contra Jesús y falsos testigos hablaron en contra de Jesús (Mt 26:60-61). “Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios.” (Mt 26:63). La frase te conjuro por el Dios viviente obligaba a Jesús a responder la verdad, y lo hace con su exaltación y manifestación en su segunda venida: “Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” (Mt 26:64; Ap 1:7; 19:11-16). Caifás hace algo prohibido para el sumo sacerdote, rasgar sus vestiduras e inclinar el veredicto contra un acusado. “Entonces el sumo sacerdote rasgó sus vestiduras, diciendo: ¡Ha blasfemado! ¿Qué más necesidad tenemos de testigos? He aquí, ahora mismo habéis oído su blasfemia. ¿Qué os parece? Y respondiendo ellos, dijeron: ¡Es reo de muerte!” (Mt 26:65-66).

    Juicio 3. Jesús ante el sanedrín. (Mt 27:1-2). La ley judía exigía que el juicio para sentenciar una persona a la muerte tenía que ser de día por lo cual el concilio esperó hasta el amanecer. “Venida la mañana, todos los principales sacerdotes y los ancianos del pueblo entraron en consejo contra Jesús, para entregarle a muerte. Y le llevaron atado, y le entregaron a Poncio Pilato, el gobernador.”

    Juicio 4. Jesús ante Pilato (1ra vez) (Lc 23:1-7). “Y Pilato dijo a los principales sacerdotes, y a la gente: Ningún delito hallo en este hombre. Entonces Pilato, oyendo decir, Galilea, preguntó si el hombre era galileo.

    8 min
  • 1424 - Evangelios. Jesús en el Getsemaní . Mt 24:36

    1424 – Mt 26:36 – Jesús en el Getsemaní.

    Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro.

    Mientras estaban en el Getsemaní, Jesús empezó a angustiarse dejando una enseñanza para los momentos de dificultad. Fue un momento de la antesala a la Cruz. El problema espiritual que enfrentó Jesús es tan grande que excede a toda comprensión humana. Jesús en su agonía respondió orando fervientemente a su Padre y enseñando los pasos que debemos usar para orar en momentos de dificultad. Las dos armas que Jesús usó para la tentación y la dificultad fueron las Escrituras y la oración, armas disponibles para sus hijos. Pablo enseña: “Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos.” (Ef 6:17-18).

    Cómo orar en tiempos de dificultades. (Mt 26:36-43). Jesús en el Getsemaní nos enseña por lo menos cinco pasos para orar en tiempos difíciles. P1. Buscar apoyo en la oración con hermanos conocidos (Mt 26:36-37). “Entonces llegó Jesús con ellos a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que voy allí y oro. Y tomando a Pedro, y a los dos hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera.” Jesús se apoyó con el círculo más cercano, Pedro, Juan y Jacobo, para que lo ayudasen a orar. El salmista enseña: “Mi carne y mi corazón desfallecen; más la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.” (Sal 73:26). P2. Derrama tu alma a los hermanos para que te apoyan en oración (Mt 26:38). “Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.” Jesús nos enseña que debemos explicar a los hermanos el motivo específico para orar, y animarlos a orar por la circunstancia, dificultad o enfermedad que estamos atravesando. La angustia de Jesús no era por los padecimientos antes y durante de la crucifixión, sino por la posición temporal que tendría de su Padre celestial al ser juzgado por los pecados de los que serían salvos; exclamaría “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt 27:46). No lo llama Padre, sino Dios porque su Padre celestial estaba actuando como juez. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él.” (2Co 5:21). P3. Derrama tu alma en privado ante el Padre celestial (Mt 26:39). “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Jesús nos enseña que debemos derramar nuestra alma a Dios con el problema que nos angustia dijo a Dios “Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa.” Dios conoce nuestras necesidades, pero Él desea que dependamos, confiemos, digamos a Él cómo nos sentimos. Pablo enseña “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” (Fil 4:6). Luego de orar a Dios debemos dejar nuestras preocupaciones a Él y descansar en la soberana voluntad de Dios como hizo Jesús, “pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Entonces “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús (Fil 4:7). P4. Animar a los hermanos en la fe a perseverar en la oración (Mt 26:40-41). “Vino luego a sus discípulos, y los halló durmiendo, y dijo a Pedro: ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Debemos luchar contra el desánimo y orad sin cesar (1Ts 5:17). Pedro aprendió la lección y luego exhortaría diciendo: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” (1Pe 5:8).

    7 min
  • 1423 - Evangelios. La negacion de Pedro. Mt 26:34

    1423 – Mt 26:34 – La negación de Pedro.

    Jesús le dijo: De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces.

    Recordemos que entre el final de la institución de la Cena del Señor y la salida al monte de los olivos Jesús dio varias enseñanzas. Juan registra en su evangelio que después de la Cena del Señor, Jesús ofreció a los doce, un extenso mensaje que tradicionalmente se lo ha llamado discurso en el aposento alto. En Juan 14-17 se relata las enseñanzas de Jesús. En Juan 14 enseña acerca del arrebatamiento de la iglesia (Jn 14:1-3), la venida del Espíritu Santo (Jn 14:16, 17, 26); el significado de la verdadera paz (Jn 14:27). En Jn 15-16 enseña la fidelidad, el gozo, el amor; la oposición que los creyentes pueden esperar en el mundo; La obra del Espíritu Santo guiando al creyente a toda verdad y convenciendo de pecado, justicia y juicio. En Juan 17 Jesús concluyó la reunión en el aposento alto ofreciendo una hermosa y profunda oración intercesora a favor de los discípulos conocida como la oración sacerdotal. Los evangelios sinópticos Mateo, Marcos y Lucas omiten las enseñanzas del aposento alto. Cada uno de ellos pasa directamente del final de la Cena del Señor a la escena en el Monte de los Olivos (Mt 26:30; Mr 14:26; Lc 22:39). Mateo al finalizar la cena afirma: “Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos.” (Mt 26:30). El Himno que cantaban era una parte que lo que se llamaba el Hallel, formada por un grupo de salmos cuyo tema es la alabanza. Generalmente se cantaban los dos primeros antes de la cena y los restantes después de esta. Por lo cual, Jesús y sus discípulos cantaron una porción comprendida entre los salmos 115-118. Al finalizar el himno Jesús y sus discípulos abandonaron el aposento alto y salieron al monte de los olivos donde empezando la subida, según la tradición, se encontraba el huerto de Getsemaní. La tensión no se alivia porque camino al monte de los olivos Jesús va a anunciar la deserción de todos los discípulos esa noche.

    El Señor va a advertir a los discípulos de la debilidad humana frente a la fortaleza divina, la promesa humana frente la promesa divina. Mientras todos lo dejarían, Él seguiría hasta la Cruz para cumplir con la promesa del plan redentor. La secuencia en el relato es interesante: Un anuncio de la omnisciencia divina de Jesús “todos me abandonarán” (Mt 26:31). Una promesa humana de todos los discípulos “nunca sucederá eso” (Mt 26:35). Un fracaso de la promesa humana conforme a lo anunciado por Jesús “todos los discípulos, dejándole, huyeron” (Mt 26:56). Dios es el único fiel a sus promesas, “porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” (2Co 1:20).

    La Omnisciencia de Jesús (Mt 26:31-32). “Entonces Jesús les dijo: Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.” Jesús nuevamente anuncia su muerte usando la profecía anunciada siglos antes por medio de Zacarías: “Levántate, oh espada, contra el pastor, y contra el hombre compañero mío, dice Jehová de los ejércitos. Hiere al pastor, y serán dispersadas las ovejas; y haré volver mi mano contra los pequeñitos.” (Zc 13:7). Mateo da énfasis a la cristología y Jesús mediante el texto profético, revela el programa de salvación eternamente dispuesto en el cual Dios Padre, entregaría a su Hijo para que muriese por el pecado del mundo (Jn 3:16; 10:18). Pedro afirmará después: “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu;” (1Pe 3:18).

    Ignorancia y autosuficiencia de los discípulos. (Mt 26:33-35). “Respondiendo Pedro, le dijo: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré.”

    7 min

About Descansando en Dios

From the publisher's feed

Devocional Cristiano Doctrinal