1310 – Mt 5:31 – Dios aborrece el divorcio.
También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio.
Jesús una vez más corrige las falsas enseñanzas de los fariseos. En Mt 5:31-32 corrige la enseñanza sobre el matrimonio y el divorcio. La enseñanza equivocada de los fariseos era que el marido podía dar carta de divorcio a su mujer por cualquier cosa que no le agradara. Esto por supuesto producía graves dificultades y aflicción a las inocentes esposas. El Señor coloca delante de ellos el pensamiento de Dios referente al matrimonio enfatizando las consecuencias que producía la practica ilícita del divorcio. Los efectos dañinos del divorcio en hijos y padres, y en la familia y la sociedad como un todo serían razón más que suficiente para estar preocupados por el problema. Pero la tragedia suprema del divorcio es que transgrede la Palabra de Dios. Veamos la enseñanza sobre el Matrimonio y el divorcio de los fariseos, la del AT y la de Jesús.
La enseñanza de los escribas y fariseos. (Mt 5:31). “También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio.” La justificación rabínica para un divorcio tan fácil se basaba en una interpretación errónea de Dt 24:1-4, donde se menciona la carta de divorcio. La carta no arreglaba la situación del divorcio, sino que simplemente daba alguna protección a la mujer. El pasaje no está centrado en la cuestión de si el divorcio es permitido o no. Dios no contempla el divorcio, mucho menos lo ordena. Es una ley muy específica que se dio para tratar con el adulterio. Muestra cómo el divorcio inapropiado lleva al adulterio, lo cual resulta en deshonra. Por medio de Moisés, Dios reconoció y permitió el divorcio bajo ciertas circunstancias acompañado de una carta, pero no lo perdonó ni ordenó. El divorcio se da por la falta de perdón. Dios recuerda a los divorciados: “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Ef 4:32).
La enseñanza del AT (Gn 2:24-25). Dios estableció que toda relación sexual fuera del matrimonio es pecaminosa, pero cualquier actividad sexual ilícita que involucraba a personas casadas se castigaba con la muerte (Lv 20:10-14). El matrimonio es el plan de Dios, no del hombre, y en el sentido más profundo toda pareja que ha estado casada alguna vez, trátese de creyentes o no, participa en una unión establecida por el Creador mismo (He 13:4). El matrimonio es una institución de Dios. Después que la mujer fue creada, Dios estableció: “Dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban.” (Gn 2:24-25). Instituyó cuatro principios para el matrimonio: Prioridad. El esposo ahora dará prioridad a su esposa. Permanencia. Es hasta que la muerte los separe. Jesús declara: “Lo que Dios juntó, no lo separe el hombre” (Mt 19:6). Unidad. Compartir todas las pertenencias. Intimidad. Conocerse durante el matrimonio. Matrimonio en hebreo “Qidushim” significa santidades. Instituido por Dios para que varón y mujer se ayuden mutuamente a preservar santa la imagen de Dios impresa en sus personas. (Gn 1:26-27).
La enseñanza de Jesús (MT 5:31-32). “También fue dicho: Cualquiera que repudie a su mujer, dele carta de divorcio. Pero yo os digo que el que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casa con la repudiada, comete adulterio.” Dios estableció el matrimonio como la unión física, espiritual y social de un hombre con una mujer, una unión de por vida e indivisible que nunca debe violarse ni romperse. Dios es testigo en el matrimonio de la pareja (Mal 2:14) y confirma su rechazo absoluto al divorcio: “