1355 – Mt 13:3 – La parábola del sembrador.
Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.
Las siete parábolas y el símil final de Mateo 13 constituyen el tercer discurso de Jesús. Con este tercer discurso Jesús, a través de parábolas, enseñará el intervalo de tiempo entre su primera venida y la segunda venida. Además, dará a conocer “los misterios del reino de los cielos” (Mt 13:11) que incluye el periodo de la iglesia con su inicio, progreso y fin. Estos misterios no fueron revelados en el AT (1Pe 1:10-12). De los trece misterios revelados en el NT, tres (3) le fueron revelados a Juan en Apocalipsis y a Pablo le fueron revelado nueve (9) misterios. Por lo cual, Pablo afirma que uno de los misterios, el misterio de Cristo, le fue revelado a él, “misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Ef 3:5). Estos misterios se analizaran más adelante cuando estudiemos Mt 13:10-11.
La ocasión: La orilla del mar (Mt 13:1-2). “Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas por parábolas” (Mt 13:1-3a). Aquel día se refiere al día en que la madre y los hermanos de Jesús fueron a hablar con Él (Mt 12:46-47). En la mayoría de ocasiones futuras Jesús habló a la gente solo por parábolas. Solo explicó las parábolas a los discípulos (Mt 13:10-11, 18, 36; Mr 4:34).
El relato: La parábola del sembrador (Mt 13:3b-9). “He aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.” La escena les era muy conocida por toda la gente, fueran agricultores o no. Los diversos tipos de tierra en que la semilla podía caer en un campo también eran conocidos. Cuando la semilla se lanzaba a mano era imposible controlar exactamente dónde caían todos los granos. Jesús inicia con un llamado de atención diciendo He aquí, es como si dijese: Presten atención.
La aplicación: Explicación de la parábola (Mt 13:18-23). Jesús a solas con sus discipulos explicó la parábola del sembrador diciendo: “Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno”. Lucas enseña que “La semilla es la palabra de Dios.” (Lc 8:11). Jesús no identifica aquí al sembrador, pero en la parábola del trigo y la cizaña manifiesta: “El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre” (Mt 13:37). Pero en sentido amplio cualquier creyente que predica o testifica del evangelio es un sembrador. La parábola tiene que ver con la siembra del evangelio, la palabra de Dios, en los corazones de las personas que oyen, cristianos o no. La semilla sembrada junto al camino. Es el oyente que no responde. No presta atención a la palabra de Dios: No la entiende y no la acepta.