1299 – Mt 3:13 – El bautismo de Jesús por Juan el Bautista.
Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por Él.
Cuando el ministerio público de Jesucristo estaba por iniciar vino de Galilea a Juan para ser bautizado. Había llegado el cumplimiento del tiempo en el propósito divino para que el Verbo encarnado iniciara lo anunciado sobre el Mesías por los profetas. Pablo diría luego. “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gá 4:4-6). Cristo en el bautismo de Juan se identifica con los pecadores. Nuestro sustituto por los pecados. Su rectitud perfecta será dada también a ellos (2Co 5:21). Este acto del bautismo en agua fue en obediencia al plan divino y tiene varios significados:1) Prefigura su muerte y resurrección (Lc 12:50); 2) Fue una prefiguración del significado del bautismo cristiano (Mt 3:6); 3) Marca su primera identificación pública con aquellos cuyos pecados Él habría de llevar (Is 53:11; 1Pe 3:18); y 4) Fue una confirmación pública de su carácter mesiánico (Mt 3:17).
La oposición de Juan el Bautista (Mt 3:14-15). “Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí? Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó.” La primera reacción de Juan a la petición de Jesús de que lo bautizara fue: “Yo necesito ser bautizado por ti.” Jesús expresó: “Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia.” Estas son palabras de dignidad y humildad real. Jesús no negó que espiritualmente era superior a Juan o que no tenía pecado. En obediencia para que el plan de Dios se cumpliera a la perfección, era necesario que Jesús fuera bautizado y específicamente por Juan.
Bautismo en agua y en el Espíritu Santo (Mt 3:16). “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él.” El bautismo en agua de Juan, y el de los discípulos de Jesús durante su ministerio terrenal (Jn 4:1-2), representó limpieza, o lavamiento, del pecado. La palabra “bautismo” significa sumergir. El bautismo en agua debe hacerse mediante la inmersión en agua, hacia atrás, simbolizando la muerte, sepultura y resurrección con Cristo (Ro 6:2-10; Col 2:12). Esto simboliza también el nuevo nacimiento en Cristo, la doctrina de la regeneración, lo que ya ha ocurrido cuando aceptamos a Cristo como nuestro Señor y Salvador (2Co 5:17; Col 3:1; Tito 3:5). Significa hacer un compromiso con Dios para considerarnos “muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” (Ro 6:11). Cuando los cielos se abrieron delante de Juan el Bautista, este vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía “sobre” Jesús, tal como el Señor había prometido (Jn 1:33). ¿Por qué el Espíritu Santo vino sobre Jesús? En su deidad Jesús no necesitaba nada; pero en su humanidad fue bautizado en el Espíritu Santo, con Su poder, para ejercer el ministerio como estaba profetizado y afirmado por Él (Is 61:1-2a; Lc 4:18-19).
La confirmación del Padre (Mt 3:17). “Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia.” Toda la Trinidad participó en el bautismo de Jesús. El Hijo había confirmado su propia realeza al decir: “Conviene que cumplamos toda justicia” (Mt 3:15), y el Espíritu Santo había confirmado su derecho mesiánico al reposar sobre Jesús (Is 11:2; 61:1; Mt 3:16). El último aspecto de la coronación, o entrega de la misión, fue el mensaje confirmador del Padre.