1326 – Mt 7:24– Hacedores de la verdad.
Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
En la Catedral Luterana de Lubeck Alemania hay una inscripción cuyo título es: “El lamento de Cristo contra este mundo ingrato”. Y dice así: Vosotros me llamáis: Maestro, más no me obedecéis. Luz, más no me veis. Camino, más no me transitáis. Vida, más no me elegís. Sabio, más no me seguís. Bueno, más no me amáis. Rico, más no me pedís. Eterno, más no me buscáis. Misericordioso, más no confías en mi. Noble, más no me servís. Poderoso, más no me honráis. Justo, más no me teméis. Finaliza diciendo: Si yo, pues, os condeno, no me culpéis. El Señor luego de enseñarnos a no dejarnos desviar por los falsos maestros, profetas y apóstoles cierra la última sección del Sermón del Monte con una parábola para ilustrar como debe ser la vida del creyente. Pedro advierte “Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.” (2Pe 3:17).
Vidas construidas sobre el fundamento de Cristo y Su Palabra (Mt 7:24-25) “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.” Las características del verdadero creyente es que “oye las palabras del Señor y las hace”. Es el hombre prudente, sabio, que edifica su casa sobre la roca, y cree que la roca de la que se habla aquí es la Palabra de Dios: estas palabras son las del Señor. Este constructor es aquel que oye las palabras de Jesús… y las hace. La primera característica es edificar sobre la roca que equivale a obedecer la Palabra de Dios. La obediencia se manifiesta en sus obras (Stg 2:17). La marca del verdadero discipulado no es simplemente oír y creer, sino creer y hacer. Muchos durante la historia de la humanidad han escuchado la Palabra de Dios y la han obedecido. Son los verdaderos discípulos de Jesucristo, los únicos verdaderos convertidos del evangelio, son aquellos “hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos” (Stg 1:22). Juan enseña: “Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” (1Jn 2:3-6). La palabra casa también significa familia. No solo construye su vida sobre el fundamento que es Cristo sino que incluye a toda su familia. Es un creyente comprometido “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gá 2:20). “Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.” La vida del creyente será probada (Stg 1:2-4; Ro 5:3-5). La fe del creyente será probada (1Pe 1:6-7). Todas las pruebas nos ayudarán a crecer en fe, santidad y crecimiento espiritual “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;” (Ef 4:13). La obra del creyente será probada en el Tribunal de Cristo, no será para salvación sino para recompensa (Ro 14:10-12; 1Co 3:9-15; 2Co 5:10). Por lo tanto, el verdadero creyente que construye su vida sobre el fundamento de Cristo durante su vida terrenal y las adversidades: “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová.”