1307 – Mt 5:17 – El Rey y la ley.
No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.
Cada enseñanza en el Sermón del Monte fluye de las enseñanzas que la precedieron. Cada bienaventuranza sigue de modo lógico a las anteriores, y toda enseñanza posterior se relaciona con enseñanzas previas. Lo que Jesús enseña en Mt 5:17-20 también sigue directamente de lo que acababa de decir. Jesús describió el carácter de los creyentes que son ciudadanos del reino e hijos de Dios (Mt 5:3-12). Enseñó la influencia de los creyentes como sal y luz espiritual de Dios en el mundo corrupto y en tinieblas (Mt 5:13-16). Jesús ahora va a enseñar en Mt 5:17-20 el fundamento para las cualidades internas de las Bienaventuranzas y para funcionar como sal y luz de Dios. Ese fundamento es la Palabra de Dios, la única norma de justicia y verdad. Entonces ¿Existe una base absoluta para la verdad, para la ley, para la moral, para el verdadero bien y el mal? Jesús enseña en Mateo 5:17-20 que la base del absoluto es la Palabra de Dios. La ley de Dios absoluta, eterna y perdurable y dada a conocer a los hombres. Además, Jesús afirma que vino a cumplir por completo la ley establecida por su Padre, el creador de la ley.
La ley: Creada por Dios y afirmada por los profetas (Mt 5:17a). “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas”. Jesús al nombrar la ley, se refiere a la ley de Dios dada en los Diez Mandamientos entregados a Moisés en el monte Sinaí y precedida declarando su creador: “Y habló Dios todas estas palabras, diciendo”. (Éx 20:1). La ley de Dios siempre había requerido obediencia tanto interna como externa. “Este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado” (Is 29:13). Cuando Jesús manifestó: “No penséis que he venido para abrogar (abolir) la ley o los profetas”, sus oyentes judíos sabían que estaba hablando de las Escrituras del AT. La ley es también preeminente porque la afirman los profetas, quienes la reiteraron y la reforzaron. Los profetas expusieron la ley de Moisés integrada por la ley moral (diez mandamientos o el decálogo), la ley judicial y la ley ceremonial, ya que hablaron de idolatría, adulterio, mentira, hurto, y de todos los otros Diez Mandamientos. La ley de Moisés tiene un total de 613 mandamientos. Durante el periodo inter testamentario los fariseos agregaron por su propia cuenta 400 mandamientos a la ley de Moisés. Esto llevó a que las tradiciones se multiplicaran y cubrieran casi toda actividad que lo hacía muy difícil para cumplir. Además, cambiaron la ley original en la relación con el enemigo, el divorcio, el adulterio. Con “el corban” anularon el quinto mandamiento de honrar a los padres. Modificaron los diezmos, las ofrendas y los ayunos. De un ayuno al año, establecido en Lev 16:29-30, lo aumentaron a dos ayunos por semana, sumando más de 100 ayunos al año. Los fariseos enseñaban y obligaban al pueblo a ganar el favor de Dios haciendo obras: Para tratar de impresionar a Dios afirmaban: “ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano.” (Lc 18:11-12).
La ley: Cumplida por Jesucristo (Mt 5:17b) “no he venido para abrogar, sino para cumplir”. Jesús afirma que no va a eliminar la ley de Dios sino a cumplirla. Además, va a corregir la falsa doctrina obligada a hacer al pueblo por los fariseos pero que ellos no cumplian. Jesús confrontaría a los farieseos y escribas diciendo: “En la cátedra de Moisés se sientan los escribas y los fariseos. Así que, todo lo que os digan que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme a sus obras, porque dicen, y no hacen. Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas.” (Mt 23:2-4).