1297 – Mt 2:2 – El rey adorado.
Los magos llegaron a Jerusalén diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.
Mateo una vez más agrega evidencias para establecer el derecho a Jesús a la verdadera y definitiva realeza de Israel. Mateo 2 nos da por lo menos tres evidencias adicionales del derecho legítimo, único y absoluto de Jesús de Nazaret al trono de David. Sólo Mateo menciona este suceso. Los magos eran sabios religiosos de la región de lo que ahora es Irak e Irán, especializados en la astronomía, la medicina y las ciencias naturales. Tuvieron una participación prominente en las cortes en muchos países orientales, como consejeros de los reyes. Su visita ocurrió cuando Jesús tenía cerca de dos años de edad (Mt 2:16). Destaca la realeza de Jesús (Mt 2:11), reafirma que el Mesías procedía de Belén (Mt 2:6), y puntualiza la adoración y la fe de los gentiles (Mt 2:8), en contraste con la hostilidad judía (Mt 2:3). La Biblia no menciona que eran tres (3) los magos, ni que eran reyes, esto es sólo una suposición, que se convirtió en tradición religiosa y fueron a la casa de Jesús, no a un pesebre, que ya tenía cerca de dos años de edad (Mt 2:11).
I. Adoremos al Rey de un reino universal (Mt 2:1-2). “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.” El reinado de Jesús es universal por ser reconocido fuera de Israel. Reconocido por los magos del oriente: Vinieron del oriente recorriendo más de 1600 km, posiblemente desde la región de babilonia o medo-persa. Conocidos también como “sabios’ por ser estudiosos y conocedores de la ciencia, agricultura, matemáticas, historia, astronomía, y lo oculto. Estaban cercanos a los reyes y eran los encargados de enseñar, aprobar y coronar a los reyes. (Est 1:13; Jer 39:3; Dn 2:2,27; 6:7-8). Habían recibido fuerte influencia del judaísmo, muy posiblemente incluso de alguno de los escritos proféticos, en especial de Daniel.
II. Adoremos al Rey rechazado (Mt 2:3-8). “Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él.” (Mt 2:3). Observamos el rechazo a Jesús por Herodes y los sacerdotes que ni pendientes con el nacimiento del Mesías ya que se podía determinar la fecha de su nacimiento con la profecia de las 70 semanas de Daniel (Dn 9:24-27). El rey Herodes se turbó, consternó, ofuscó, porque su reinado estaba siendo amenazado. Usurpaba el reino de Israel porque él no era judío sino idumeo de la descendencia de Esaú y le quitaba la vida a todos aquellos que trataban de quitarle el trono. Quito la vida a Aristóbulo hermano de su esposa Maiamne, a su misma esposa y a tres de sus hijos. Por esto, toda Jerusalén también se turbó conociendo lo cruel y despiadado que era Herodes al ver en peligro su trono. Herodes mandó a reunir a los sacerdotes y escribas para que le dieran información donde había nacido y ellos dijeron “en Belén de Judea” según Miq 5:2, confirmado así la primera de cuatro profecías del pasaje. Herodes fue diligente preguntando a los magos la edad aproximada del niño respondiendo cerca de dos años. (Mt 2:7).
III. Adoremos al Rey de reyes (M 2:9-12). “Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.” (Mt 2:9). Los sabios siguieron a la estrella hasta Belén y se detuvo sobre una casa y produjo gran gozo a los magos de oriente. La estrella hace eco de la profecía de Balaam de una “estrella… saldrá de Jacob” (Núm 24:17). Y se llega al acuerdo que la estrella mencionada se asocia con la gloria de Dios. Los magos “al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra.” (Mt 2:11).