12º “El Obrero Invisible”
Su reloj marca siempre lo mismo:
turno, cansancio, silencios,
aprendió a doblar la espalda
antes que a doblar palabras.
Se levanta con la noche
con los párpados pegados
su desayuno es la prisa
responsable de ser siempre, una sonrisa.
Sueña con días sencillos,
con mesa sin sobresalto;
con hijos que nunca hereden
las fatigas de sus padres.
Sueña con domingos largos
sin cuentas que lo persigan;
con risas que no dependan
de las largas horas extras.
No pide caridad barata ni tu pobre compasión,
sólo justicia en el pan, un reparto, no limosnas
porque el sudor es su lenguaje
y el hambre no entiende de sornas.
No quiere falsos aplausos, ni promesas en campañas;
quiere un salario digno, y respeto sin adornos
poder irse los domingos con los hijos de excursión.
Cuando el trabajo le pierde el respeto,
la sociedad se le rompe en pedazos,
y cuando el esfuerzo se vuelve invisible,
crece esa distancia odiosa entre el tiempo y el silencio,
honrar al que trabaja, es honrarnos a todos
porque cada ladrillo que sostiene la casa
lleva impreso el pulso de un obrero que nadie miró,
se olvidaron de sus manos, siempre amé
tus fuertes benditas manos, papá.
Chema Muñoz©