Dios no está apresurado, ni ansioso o tenso y tampoco desea que nosotros sus hijos lo estemos, y es que con Dios, nunca es demasiado tarde par soñar, para orar, creer, entregarse o comenzar de nuevo.
Dios no está apresurado, ni ansioso o tenso y tampoco desea que nosotros sus hijos lo estemos, y es que con Dios, nunca es demasiado tarde par soñar, para orar, creer, entregarse o comenzar de nuevo.