Descansando en Dios

1321 - Evangelios. La confianza en Dios. Mt 7:7


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1321 – Mt 7:7 – La confianza en Dios.

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

El Señor en Mt 6:9-15 presentó la oración modelo. Ahora en Mt 7:7-11 Jesús complementa la enseñanza sobre la oración recordandonos la necesidad de perseverar ejerciendo la confianza en Dios. La vida cristiana es una vida de fe: “Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.” (He 11:6).

La promesa de Dios para sus hijos (Mt 7:7). “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.” Esta es una de las más grandes y completas promesas del Señor para los que son sus hijos y ciudadanos del reino de Dios. El Señor primero enseñó como orar, ahora establece el mandamiento para orar. El mandamiento para la oración incluye tres verbos: Pedir, buscar y llamar. Ante la dificultad de cumplir con los mandamientos antes establecidos para relacionarnos con los demás, abre la puerta para poder cumplirlos mediante la oración que pide, busca y llama a la puerta de la misericordia divina, para obtener lo necesario para poder cumplirlos. Por lo cual, perseveremos en la oración como enseña Ro 12:12; Ef 6:18; Col 4:2; 1Ts 5:17. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” (He 4:15).

El creyente que ora (Mt 7:8). “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” Primeramente el creyente que ora pide: Pedir acá significa la misma acción de un mendigo, que sin ningún tipo de recurso propio, extiende su mano esperando que alguien deposite en ella, una caridad. La petición del pobre es por su propia necesidad. Por lo tanto, quién desea ser rico en Dios, obtener victorias con el poder de Dios, ser más que vencedor con Dios, necesita orar con la posición de mendigo delante del Señor. Igual inició el Señor las bienaventuranzas: “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.” (Mt 5:3). Para poder cumplir las siguientes siete bienaventuranzas es necesario cumplir la primera. Pedir acá significa implorar rogando. El que ora debe tener claro que “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.” (Stg 1:17). Por lo tanto, una de las primeras cosas a pedir es por la gracia y sabiduría de Dios para relacionarse con el prójimo usando Su gracia y Su sabiduría. “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra.” (Stg 1:5-6). El creyente que ora también busca. El verbo buscad es un madamiento que lleva a una acción continua de búsqueda. Es la acción propia de alguien que pidió algo valioso. La oración que se hace en fe busca a Dios para el oportuno Socorro. Lo busca en santidad, “acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura.” (He 10:22). En tercer lugar el creyente que ora en fe y busca el rostro de Dios también llama a la puerta de la misericordia. El verbo llamad también es mandatorio y continuo. No se conforma con estar en la casa del Padre sino que busca la intimidad del trono de la misericordia: “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.” (He 4:16). Allí, en la intimidad con Dios, el cristiano alcanza, recibe los recursos necesarios que proceden de la gracia de Dios que es más que suficiente.

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Descansando en DiosBy Francisco Atencio