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1340 – Mt 10:24 – El discípulo de Cristo.
El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.
Hacer discípulos es prioridad en los miembros de la Iglesia de Cristo, la obra de llevar a hombres y mujeres a una relación salvadora con Jesucristo y ayudarles a crecer en el conocimiento y la semejanza de Cristo. Esto es lo que Pablo llama “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:12). El Señor sigue proporcionando a los doce apóstoles el cuerpo de su enseñanza básica sobre el discipulado. Haciendo uso de la estrategia de la repetición para enseñar, Jesús con el uso de una variedad de frases e ilustraciones a lo largo de su ministerio, repetiría estas verdades una y otra vez a los discípulos y a las multitudes. En Mt 10:24-33, Jesús continúa una definición amplia del verdadero discípulo con tres características que: Imita a su Maestro, teme a Dios y no al mundo, y confiesa al Señor.
Un discípulo emula al maestro (Mt 10:24-25). ”El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” El término emula significa imitar una acción, objeto o persona con el objetivo de igualarlo. Por definición, un discípulo (aprendiz) está por debajo de su maestro en conocimiento y sabiduría, y un siervo está por debajo de su señor en posición social y económica. También por definición, un discípulo que es de verdad discípulo aprende de su maestro, y un siervo que auténticamente es siervo obedece a su señor. Dios Padre tiene como propósito que cada creyente sea hecho conforme a la imagen de su Hijo Jesucristo (Ro 9:29; Ef 4:12-13). El discípulo de Cristo está llamado a imitar y crecer en el conocimiento de Él. Pablo es un ejemplo de ser imitador de Cristo al afirmar: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” (1Co 11:1). No es ser imitador de Pablo sino de Cristo. Nunca los sufrimientos de Cristo podrán ser igualados por los discípulos. El discípulo está llamado a seguir al Señor. El discípulo debe mantener la mirada en Jesucristo (He 12:2). Juan nos recuerda: “El que dice que permanece en Él, debe andar como ÉL anduvo” (1Jn 2:6). Un discípulo se vuelve como Cristo, su Maestro, cuando aprende y obedece la Biblia. Un discípulo es alguien que desea entender y conocer más de Dios (Jer 9:23-24). Es aquel en quien la Palabra de Cristo mora “en abundancia” (Col 3:16). Crecer en el discipulado es crecer en semejanza a Cristo, esperando el día en que “seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1Jn 3:2). Un discípulo del Señor cumple Su ley, que Pablo la llama la ley de Cristo (Gá 6:2; 1Co 9:21), que exige: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (Jn 13:34-35). La consecuencia lógica de ser como Cristo es ser tratados como trataron a Cristo. “Si al padre de familia llamaron Beelzebú (calificativo de Satanás), ¿cuánto más a los de su casa?” Jesús sigue desarrollando la misma verdad, pero cambia la figura de discípulo/maestro y de siervo/señor a la de padre de familia/los de su casa. Los de la casa y los siervos no deben esperar que los traten mejor que al padre de la familia. Jesús plantea que si a Él lo llamaron Satanás, sin duda a sus discípulos los tratarían igual. Jesús advirtió a los discípulos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn 15:18-19, 20; 13:16). Pablo enseña que para conocer verdaderamente a Cristo y al poder de su resurrección se requiere “la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Fil 3:10).
By Francisco Atencio1340 – Mt 10:24 – El discípulo de Cristo.
El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor.
Hacer discípulos es prioridad en los miembros de la Iglesia de Cristo, la obra de llevar a hombres y mujeres a una relación salvadora con Jesucristo y ayudarles a crecer en el conocimiento y la semejanza de Cristo. Esto es lo que Pablo llama “perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Ef. 4:12). El Señor sigue proporcionando a los doce apóstoles el cuerpo de su enseñanza básica sobre el discipulado. Haciendo uso de la estrategia de la repetición para enseñar, Jesús con el uso de una variedad de frases e ilustraciones a lo largo de su ministerio, repetiría estas verdades una y otra vez a los discípulos y a las multitudes. En Mt 10:24-33, Jesús continúa una definición amplia del verdadero discípulo con tres características que: Imita a su Maestro, teme a Dios y no al mundo, y confiesa al Señor.
Un discípulo emula al maestro (Mt 10:24-25). ”El discípulo no es más que su maestro, ni el siervo más que su señor. Bástale al discípulo ser como su maestro, y al siervo como su señor. Si al padre de familia llamaron Beelzebú, ¿cuánto más a los de su casa?” El término emula significa imitar una acción, objeto o persona con el objetivo de igualarlo. Por definición, un discípulo (aprendiz) está por debajo de su maestro en conocimiento y sabiduría, y un siervo está por debajo de su señor en posición social y económica. También por definición, un discípulo que es de verdad discípulo aprende de su maestro, y un siervo que auténticamente es siervo obedece a su señor. Dios Padre tiene como propósito que cada creyente sea hecho conforme a la imagen de su Hijo Jesucristo (Ro 9:29; Ef 4:12-13). El discípulo de Cristo está llamado a imitar y crecer en el conocimiento de Él. Pablo es un ejemplo de ser imitador de Cristo al afirmar: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” (1Co 11:1). No es ser imitador de Pablo sino de Cristo. Nunca los sufrimientos de Cristo podrán ser igualados por los discípulos. El discípulo está llamado a seguir al Señor. El discípulo debe mantener la mirada en Jesucristo (He 12:2). Juan nos recuerda: “El que dice que permanece en Él, debe andar como ÉL anduvo” (1Jn 2:6). Un discípulo se vuelve como Cristo, su Maestro, cuando aprende y obedece la Biblia. Un discípulo es alguien que desea entender y conocer más de Dios (Jer 9:23-24). Es aquel en quien la Palabra de Cristo mora “en abundancia” (Col 3:16). Crecer en el discipulado es crecer en semejanza a Cristo, esperando el día en que “seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1Jn 3:2). Un discípulo del Señor cumple Su ley, que Pablo la llama la ley de Cristo (Gá 6:2; 1Co 9:21), que exige: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” (Jn 13:34-35). La consecuencia lógica de ser como Cristo es ser tratados como trataron a Cristo. “Si al padre de familia llamaron Beelzebú (calificativo de Satanás), ¿cuánto más a los de su casa?” Jesús sigue desarrollando la misma verdad, pero cambia la figura de discípulo/maestro y de siervo/señor a la de padre de familia/los de su casa. Los de la casa y los siervos no deben esperar que los traten mejor que al padre de la familia. Jesús plantea que si a Él lo llamaron Satanás, sin duda a sus discípulos los tratarían igual. Jesús advirtió a los discípulos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Jn 15:18-19, 20; 13:16). Pablo enseña que para conocer verdaderamente a Cristo y al poder de su resurrección se requiere “la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte” (Fil 3:10).