Descansando en Dios

1342 - Evangelios. Discipulado y compromiso. Mt 10:37


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1342 – Mt 10:37 – Discipulado y compromiso.

“El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;”

El Señor Jesucristo finaliza su segundo discurso, dedicado al discipulado, enseñando tres principios adicionales para ser un verdadero discípulo de Cristo: Dar prioridad a Dios sobre todo lo demás, llegar a dar la vida por la obra de Dios y conocer que recibirá la justa recompensa de parte de Dios. Va a hacer reflexionar a los discípulos, sobre la toma de decisión de dar más prioridad, entre los valores personales y Cristo. Es la prueba del verdadero discípulo. Por lo cual, Juan exhorta: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.” (1Jn 3:18).

El discípulo de Cristo da prioridad a Dios (Mt 10:37). El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;” Jesús usa el contraste de la relación de compromiso en la familia para advertir que ninguna relación de compromiso personal debe superar el necesario compromiso entre el discípulo y Él. Jesús no está pidiendo que se abandone a la familia por Él “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.” (1Ti 5:8). La demanda de compromiso con Jesús es amarle sobre todas las cosas. (Dt 12:10;30:6; Mr 12:30). El cristiano debe amar a su familia con amor abnegado. Las esposas y los esposos cristianos deben amarse mutuamente y amar a sus hijos con devoción sin reservas. Los hijos cristianos deben amar, respetar, e interesarse por sus padres, como si se tratara del Señor mismo. Pero el compromiso de un creyente hacia Cristo debe ser tan profundo y trascendental que, de ser necesario, deberá sacrificar cualquier relación que ponga en peligro la relación con Dios. Jesús respondió a un interprete de la ley: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” (Mt 22:35-40).

El discípulo de Cristo ofrece su propia vida (Mt 10:38-39). “y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.”

El compromiso del discipulado alcanza su máxima expresión con este principio. No solo debe renunciar al amor que supere el amor hacia Cristo, en lo personal y familiar, sino que agrega la demanda de la cancelación del propio “yo”. Jesús dice a los discípulos que solo es digno de Él quien tome su cruz y le siga. Este principio ha sido mal interpretado al relacionarlo con el sufrimiento y el martirio. Pero la cruz es la mayor expresión de negación, el propio signo establece una figura de cancelación de algo. Tomar la cruz es negarse a uno mismo. Pablo lo enseña diciendo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gá 2:20). Pablo enseña que el mejor ejemplo de negarse a si mismo lo dio Jesús: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Fil 2:5-8). Jesús está enseñando que “el que no toma su cruz”, impide, incapacita, cierra el camino del discipulado porque se aparta de la senda marcada por el Señor. Por otra parte, el que pierde su vida por causa de mí, sigue expresando Jesús, la hallará.

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Descansando en DiosBy Francisco Atencio