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1348 – Mt 12:18 – El siervo amado de Dios.
he aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre Él, Y a los gentiles anunciará juicio.
Luego de Jesús hacer el milagro al hombre de la mano seca, “salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.” (Mt 12:14). Los fariseos en lugar de agradecer por el milagro realizado despertó en ellos un mayor odio hacia Jesús al planear quitarle la vida. Según Lucas el odio había endurecido su corazón (Lc 6:11). Por Marcos sabemos que también se unieron a la conspiración los herodianos (Mr 3:6). Los herodianos eran seguidores de Herodes el Grande y consideraban su dinastía como la heredera del trono de Israel. Cuando el odio llena el corazón en lugar de la gratitud y la misericordia, planea la destrucción de quien constituye un desafio y un ejemplo. Pero por la soberanía y omnipotencia de Dios se consumaría la victoria de Jesús quien afirmó: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” (Jn 10:17-18).
El soberano plan de Dios (Mt 12:15-17). “Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos, y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:”. Jesús en su omnisciencia sabía el plan de los fariseos para destruirle y decide apartarse y no seguir con la confrontación porque aun faltaba tiempo para que se consumará en la cruz el plan de redención decretado desde la eternidad pasada por Dios y prometido desde Gn 3:15. Mateo continúa demostrando la cristología a través del poder divino “sanando a todos” y subrayando los atributos de clemencia y mansedumbre de Jesús cumplimiendo la profecía hecha 700 años antes a través de Isaías.
Elogiado por el Padre (Mt 12:18a). “He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma;” Mateo pone de manifiesto que Jesús, el manso y humilde de corazón, era el Mesías prometido. El siervo de Dios escogido para la obra suprema de la salvación del pecado por la gracia de Dios. Para lo cual, hace una adapatción de Isaías 42:1-4, el primero de cuatro cánticos del siervo sufriente, referidos a el Mesías. Los otros tres cánticos (salmos) del siervo sufriente son: El segundo cántico (Is 49:1-12). El tercer cántico (Is 50:4-10). El cuarto cántico (Is 52:13-53:1-12). Lo asombroso de la gracia de Dios, es que el Hijo se haga siervo, y que luego en Isaías Is 53:1-12 profetiza la muerte sustitutoria y propiciatoria por el pecado. Dios se humilla en la Segunda Persona Divina que se hace siervo. No se humilla solo al hacerse hombre sino al hacerse siervo. Pablo lo enseñará más tarde en un extraordinario pasaje cristológico resumido en Fil 2:6-8. El escogido y sostenido como y para ser siervo, es también el Amado, en quien el alma de Dios Padre se agrada (Mt 3:17; 17:5). “Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla” (Fil 2:9-10).
Comisionado por el Espíritu Santo (Mt 12:18b). “Pondré mi Espíritu sobre él,”. El Espíritu Santo es dado sin medida a quien es Hijo Amado, y le es dado plenamente en siete formas (Is 11:2-3). Para que pueda llevar a cabo toda la obra encomendada como una persona con dos naturalezas, divina y humana. Mateo 12:18 muestra la participación de la Trinidad hecha por Isaías: Dios Padre escogió y envió al siervo Amado, Dios Hijo Jesucristo el Salvador, y el poder del Espíritu Santo participando en el plan de salvación. Lucas registra que: “Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por
By Francisco Atencio1348 – Mt 12:18 – El siervo amado de Dios.
he aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma; Pondré mi Espíritu sobre Él, Y a los gentiles anunciará juicio.
Luego de Jesús hacer el milagro al hombre de la mano seca, “salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle.” (Mt 12:14). Los fariseos en lugar de agradecer por el milagro realizado despertó en ellos un mayor odio hacia Jesús al planear quitarle la vida. Según Lucas el odio había endurecido su corazón (Lc 6:11). Por Marcos sabemos que también se unieron a la conspiración los herodianos (Mr 3:6). Los herodianos eran seguidores de Herodes el Grande y consideraban su dinastía como la heredera del trono de Israel. Cuando el odio llena el corazón en lugar de la gratitud y la misericordia, planea la destrucción de quien constituye un desafio y un ejemplo. Pero por la soberanía y omnipotencia de Dios se consumaría la victoria de Jesús quien afirmó: “Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre.” (Jn 10:17-18).
El soberano plan de Dios (Mt 12:15-17). “Sabiendo esto Jesús, se apartó de allí; y le siguió mucha gente, y sanaba a todos, y les encargaba rigurosamente que no le descubriesen; para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo:”. Jesús en su omnisciencia sabía el plan de los fariseos para destruirle y decide apartarse y no seguir con la confrontación porque aun faltaba tiempo para que se consumará en la cruz el plan de redención decretado desde la eternidad pasada por Dios y prometido desde Gn 3:15. Mateo continúa demostrando la cristología a través del poder divino “sanando a todos” y subrayando los atributos de clemencia y mansedumbre de Jesús cumplimiendo la profecía hecha 700 años antes a través de Isaías.
Elogiado por el Padre (Mt 12:18a). “He aquí mi siervo, a quien he escogido; Mi Amado, en quien se agrada mi alma;” Mateo pone de manifiesto que Jesús, el manso y humilde de corazón, era el Mesías prometido. El siervo de Dios escogido para la obra suprema de la salvación del pecado por la gracia de Dios. Para lo cual, hace una adapatción de Isaías 42:1-4, el primero de cuatro cánticos del siervo sufriente, referidos a el Mesías. Los otros tres cánticos (salmos) del siervo sufriente son: El segundo cántico (Is 49:1-12). El tercer cántico (Is 50:4-10). El cuarto cántico (Is 52:13-53:1-12). Lo asombroso de la gracia de Dios, es que el Hijo se haga siervo, y que luego en Isaías Is 53:1-12 profetiza la muerte sustitutoria y propiciatoria por el pecado. Dios se humilla en la Segunda Persona Divina que se hace siervo. No se humilla solo al hacerse hombre sino al hacerse siervo. Pablo lo enseñará más tarde en un extraordinario pasaje cristológico resumido en Fil 2:6-8. El escogido y sostenido como y para ser siervo, es también el Amado, en quien el alma de Dios Padre se agrada (Mt 3:17; 17:5). “Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla” (Fil 2:9-10).
Comisionado por el Espíritu Santo (Mt 12:18b). “Pondré mi Espíritu sobre él,”. El Espíritu Santo es dado sin medida a quien es Hijo Amado, y le es dado plenamente en siete formas (Is 11:2-3). Para que pueda llevar a cabo toda la obra encomendada como una persona con dos naturalezas, divina y humana. Mateo 12:18 muestra la participación de la Trinidad hecha por Isaías: Dios Padre escogió y envió al siervo Amado, Dios Hijo Jesucristo el Salvador, y el poder del Espíritu Santo participando en el plan de salvación. Lucas registra que: “Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por