Tenemos que estar armados y peligrosos porque en cierto sentido, una persona que milita en esta disciplina debe estar listo para el combate y no importa cuanto haya entrenado, el Apóstol Pedro, esos tres años con Jesús lo llevaron a estar listo, flaqueó pero volvió a levantarse, y también nos puede suceder a nosotros, a no ser que reconozcamos que nunca estamos totalmente listos para enfrentar las artimañas del enemigo, pero con demasiada frecuencia vamos a lograr una nueva victoria sobre la tentación.