Debemos dar este grito de la justificación que tenemos de nuestro temperamento, de la deficiencia de carácter. ¿Por qué no podemos controlarnos? ¿Qué podemos hacer? El apóstol Pablo sentía lo mismo cuando escribió las palabras de Romanos 7:12-20. Él establece una diferencia clara entre su persona y la fuerza incontrolable que exaspera.