La Pascua hermanos queridos, con todo su significado es un camino hacia el Resucitado, es esa llama ese fuego, impulso Divino del Espíritu Santo en Pentecostés, para encontrar ese camino al que la Virgen María nos lleva, que desemboca en la puerta del Cielo, ese Sagrario en el que Jesús nos Espera y que nos invita con su entrega, abajándose a formar parte nuestra, en esa Sagrada Forma, Sagrada Eucaristía
La mayor riqueza para llegar a Él es María, Nuestra Señora, la más perfecta creación de Dios, aquella quien nos atrae indefectiblemente a Jesús, a esa puerta del Cielo que la Eucaristía representa.
La Virgen María es el fanal que ilumina nuestro camino, aquella Divina Pastora que nos lleva al encuentro con Jesús, a Dios, timonel de Nuestras vidas. Confiemos en Ella, Consagrémonos a quien tanto sufrió por nosotros al pie de la Cruz, honremos a quien tan justamente merece el amor, la reverencia, la gratitud de toda la humanidad.
Confiad en Ella.
Cómo dice San Alfonso María Ligorio, parafraseando a Jeremías (Jr. 17, 5) "Maldito el hombre que confía en el hombre".
Y.… recordad:
De qué me sirve todo el oro del mundo, si pierdo mi alma.
En fin, mi muy querida y amada Madre mía, Virgen Santísima, haz posible:
- Que no tenga yo más espíritu que el tuyo, para conocer a Jesucristo y su Divina voluntad.
- Que no tenga más alma que la tuya, para alabar y glorificad al Señor.
- Que no tenga yo más corazón que el tuyo, para amar a Dios con un amor como el tuyo puro y ardiente.