Hay cosas que nos afanan, nos turban y que nos quitan la capacidad de disfrutar lo importante. Aquel que tiene preocupación incesante en su alma va a tener la manía de decirle a Dios qué tiene que hacer. La preocupación hace que olvidemos quien manda. ¿Quién manda en tu vida? ¿Quién tiene el control?