Dios no tiene un dispensador de recompensas, pero es un Dios de recompensas, y no debemos acerca de las recompensas celestiales, por lo general, cometemos dos errores: 1. Pensamos que éstas son espirituales y 2. Se piensa que son eternas o futuras, cuando ya se esté en el cielo. Esto es una parte de, y Dios nos ha prometido muchas recompensas que deben ser reclamadas aquí y ahora y algunas de ellas son materiales.