El prestigio que alcanzó César en la conquista de las Galias provocó envidias y miedos a los patricios y a Pompeyo. Éste apoyaba ahora al bando senatorial. El Primer Triunvirato había desaparecido tras dos muertes en un sólo año, la de Craso y la de Julia, la hija de César por la que el otro hombre fuerte de Roma emparentó con Julio. Lo querían sin ejército, procesado y al menos fuera de Roma. Un riachuelo le separaba de declarar la guerra. O eso o se entregaba para ser juzgado.