Dios es el piloto que nos dirá en qué momento debemos ponernos el chaleco salvavidas. En ocasiones hemos perdido la capacidad de confiar, por sentirnos engañados por la vida, o por alguna otra razón, y por eso resulta difícil confiar y creer. Dios nos regala la salvación, es algo demasiado bueno que por eso no lo aprovechamos. En Efesios 2:8-9 nos lo recuerda.