Si hay lágrimas que no permiten que sanemos, hay un llanto que nos enferma. ¿Cuándo un llanto se vuelve una trampa emocional? Cuando el llanto se convierte en una muleta emocional continua, en un escape repetitivo, se puede convertir en una trampa que nos paraliza, pero la Biblia nos enseña que hay un tiempo para llorar y otro para reír. Eclesiastés 3:3-4.