Nos encontramos en manos de un Dios amoroso y es algo que no podemos negociar con las adversidades de la vida. Él tiene pensamientos de bien para nosotros, y no de mal. Su vida y nuestra vida son una narrativa en las manos de Dios, Él está trabajando en un plan perfecto para darnos el fin que debemos merecer. No es descuidado, sino sistémico, que planea.