¿Cuántas veces permitimos que las heridas, que las decepciones del pasado definan nuestro presente y futuro? Así que dejémonos de esconder del pasado, y a veces nuestros corazones son así, escondemos nuestros temores y heridas detrás de una fachada de normalidad, pero por dentro el dolor y resentimiento nos comienza a consumir. Es tiempo de enfrentar el pasado con valentía y permitir que Dios nos libere de las cadenas.