La ira se gesta por dos razones: por inconformidad sobre algo y como un mecanismo de defensa, sin embargo, la ira bien manejada, no es mala. Dios nos habla claramente que es válido enojarse por la inconformidad, pero hay personas que caminan en su diario vivir de manera iracunda, pero suele pasar que cuando esa ira se empieza a prolongar se comienza a tomar malas decisiones.