El Señor Resucitado se hace presente en medio de nuestros encierros dándonos su paz y, para ser alcanzados por su Misericordia, renovando nuestra vocación de ser hijos e hijas de la luz.
Podemos preguntarnos: ¿Me dejo curar por las heridas glorificadas de Cristo, es decir por la Misericordia de Dios? ¿Toco las llagas glorificadas de Cristo, es decir me acerco al sacramento de la Conversión?