Ayunar implica tomar la decisión de presentarse a Dios desarrollando dominio propio. El apóstol Santiago nos enseña: Quien refrena su lengua, es capaz de refrenar toda su lengua. Ayunar tiene que ver con dominio propio, sujeción y humildad delante del Señor pero tengamos claro que el ayuno no es aguantar hambre, se trata de orar y ayunar; porque ayuno sin oración es solamente aguantar hambre.