Augusto se quedó sólo al mando de Roma y de sus territorios. El Senado le confirió los poderes necesarios para que su gobierno tuviera la apariencia de ser respetuoso con las antiguas formas de gobernar. Trabajó para que se acabaran las sangrias de las guerras entre romanos y se atrevió a legislar sobre lo íntimo.
Uno de sus mayores logros fue una paz prolongada, que incluso le superó, la Paz de Augusto