El Señor no rechaza la oración que brota de un corazón humilde y perseverante, y en su pedagogía divina quiere que vivamos la crisis como ocasión para madurar en la fe.
Podemos preguntarnos:
¿Considero que las adversidades de la vida son ocasión para crecer en la fe o me revelo y me alejo de Dios?
¿Tengo una fe madura?