Lo que sucede en el río Jordán, pasa también en nuestra vida espiritual. Cuando somos sumergidos en la presencia del Espíritu Santo, el viejo hombre tiene que llegar a un mar muerto, a donde ya no hay vida, donde se tiene que volver a empezar.
Lo que sucede en el río Jordán, pasa también en nuestra vida espiritual. Cuando somos sumergidos en la presencia del Espíritu Santo, el viejo hombre tiene que llegar a un mar muerto, a donde ya no hay vida, donde se tiene que volver a empezar.