La primera trampa en la que caemos es la soledad, y ésta es una mala consejera, pues el sentimiento puede volverse aplastante y llevarnos a cometer locuras. La soledad es mucho más profundo que no tener compañía.
La primera trampa en la que caemos es la soledad, y ésta es una mala consejera, pues el sentimiento puede volverse aplastante y llevarnos a cometer locuras. La soledad es mucho más profundo que no tener compañía.