El dios de la vida y la libertad no pertenece a ninguna institución, ni se identifica con ropajes, accesorios, ni títulos eclesiásticos. No expande su bondad vía franquicias, ni localiza su presencia en objetos, lugares ni representantes. Él está, él va con nosotros, y el corazón y la historia de los simples son su más frecuente hogar.