Torre Pacheco, en la región de Murcia, ha sido escenario de una convulsión social tras la agresión sufrida por un hombre mayor a manos de un joven de origen extranjero. El suceso fue amplificado en redes sociales y utilizado por sectores radicales para alimentar el odio vecinal. Ello desencadenó protestas y actos violentos en las calles, donde la tensión se incrementó mediante bulos y mensajes racistas que fueron asumidos por la opinión pública. Esta espiral de violencia contrasta con la vida cotidiana del municipio, donde la convivencia entre vecinos y vecinas de distintas procedencias es habitual y la aportación de la población extranjera al desarrollo económico es reconocida. Las estadísticas desbaratan la percepción de un aumento de la criminalidad, mostrando que la integración ha sido real a pesar de los inevitables retos de una sociedad cada vez más plural. Ante la manipulación de los hechos y el peligro de que el racismo se extienda, la comunidad eclesial y local reafirma su compromiso de rechazo a cualquier forma de violencia y discriminación. El Pueblo de Dios no se olvida de la importancia de la hospitalidad y el encuentro en la vida diaria, dejando a un lado prejuicios y discursos de exclusión.