León XIV congregó en el Vaticano a 178 cardenales entre los días 26 y 27 de junio en el que fue el segundo consistorio extraordinario de su pontificado. El Papa reclamó a los purpurados un respaldo firme, explícito y público, recordando que el ministerio recibido no puede ejercerse en soledad. Con esta cita, el sucesor de Pedro ratificó el rumbo trazado por Francisco: más sinodalidad y mayor peso de la Doctrina Social. Así, el Colegio Cardenalicio se consolida como asamblea asesora del Pontífice en contraste con un reducido Consejo de Cardenales. Robert Francis Prevost apeló a una lealtad crítica, capaz de expresar las discrepancias en el foro oportuno sin quebrar la comunión eclesial, y durante las sesiones abordaron las heridas sociales, la polarización, la violencia o el papel diplomático que corresponde a la Santa Sede, entre otras muchas cuestiones de relevancia eclesial. Meditando la parábola del buen samaritano, los cardenales reflexionaron sobre cómo anunciar hoy el Evangelio a un mundo fracturado. En un punto del consistorio, el cardenal Mario Grech describió la sinodalidad como un estilo espiritual y un camino compartido de discernimiento entre bautizados y obispos.