Todos los días estamos rodeados por algo más que no podemos controlar: el trabajo exigente, las responsabilidades, horarios, etc., y esto que está colocado alrededor de nuestra vida parece que comienzan a dirigir nuestra vida. El problema no es que existan, sino que comienza a controlar, termina ahogando lo que Dios quiere producir, así lo dijo Jesús en la parábola del sembrador.