Cuando aceptamos a Dios y a Jesucristo en nuestra vida, tenemos el instinto hacia lo santo, lo perfecto, lo justo, lo amable; y así como la vieja naturaleza nos lleva a la tentación y a la maldad
La semilla de Dios está en nosotros, eso es definitivo, y el Apóstol Juan lo dice en 1 Juan 3:9 .