De alguna forma estamos conectados a la eternidad a través del cordón umbilical que nos une a María, Ella nos envía la Sangre de nuestro Señor.
Es nuestra Madre. En este momento estamos en su claustro materno. Aunque parezcamos seres deformes, raros, como cualquier feto.
Pero como una madre, después de una ecografía sabe adivinar los rasgos... en los que nos parecemos a Jesús.