Hay momentos en la vida que nos descontrolan, pero la desilusión puede nublar nuestros ojos, endurecer el corazón y secar nuestra esperanza. Jesús no espera que comprendamos todo, no demanda que estemos bien todo el tiempo y nos encuentra en el camino a la mitad del duelo o la desilusión como encontró a aquellas personas en el camino a Emaús.