Todos los escogidos por Dios, de una forma positiva, somos llamados a ser exhibicionistas. Debemos ser exhibicionistas de la gloria de Dios, y la única forma en que es posible hacerlo, es dejando que ésa gloria sea trasmitida a través de nosotros. Estás diseñado para ser el candelabro que ilumine la gloria de Dios en otras personas.