La omnipotencia humana no es real, sólo Dios puede hacer todo y nosotros como sus hijos, somos llamados a colaborar con Él, a depender de su gracia, a reconocer nuestras limitaciones y a vivir en comunidad. Existen señales de que nos encontramos atrapados en este complejo, pero la Palabra de Dios nos ayuda y nos enseña para ser libres de este falso mandato de tratar de hacerlo todo o solucionarlo todo.