Y esta afirmación Dios la repite de manera constante como en Deuteronomio 32:10. Entendamos que cuando Dios hace esta referencia hacia sus hijos, lo hace en momentos de más vulnerabilidad como cuando su pueblo se encontraba en el desierto y tenía necesidad. Es importante saber que el Padre no nos ve “como” la niña de sus ojos sino “somos” la de sus ojos.