El Bautismo es “ese baño completo”, con el que el hombre se sumerge en Cristo y tiene una nueva identidad.
Dicen que a los niños hay que irlos preparando y decirles poco a poco, pero a mi me lo dijeron de sopetón y sin anestesia; me contaron que aunque mi padre y ella me habían estado cuidando, en realidad yo no era hijo suyo, sino de Dios. Ellos habían sido mis padres biológicos... A mí lo que me quedó claro es que yo había sido “adoptado”.