Las mejores decisiones son aquellas que implican un esfuerzo extra, que requieren dejar de lado las emociones y conveniencias propias para mirar que es lo que Dios desea. Aquí es donde la madurez espiritual entra en juego, tomar el camino corto y fácil, no es siempre la mejor elección a largo plazo, el sacrificio muchas veces es el puente del milagro que esperamos.