Mi nombre te lo dejo para que hagas con él
el faro de tus días,
tu nombre me lo quedo atado a la intemperie,
a la playa donde piso la arena
a las horas donde en tí me encuentro.
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Se proyecta tu sombra en el mismo horizonte
donde nace la luna como, pronta se aleja
a un camino de chispas de arrebato y destellos,
te dejo los enjambres de besos y tristezas,
me quedo con la noche de ojos celestiales
y te dejo el destello recuerdo de tu aurora.
.
No quiero aprisionarte ni quiero que te quedes,
cuanto más te me alejas más amores te pierdo,
¡ay! si mi pecho albergara tu pecho entre mis huesos
nuestras almas pondrían un verso entre los dos
que rompieran terrones, que empujaran poemas,
que encerraran en tierra la sed de nuestro amor!
.
Yo vivo de la sed, de libertades vivo,
y muero de la muerte de saberme tan vivo
que quisiera beberte con la sed de desiertos,
apagando mi voz, el telón de tu ausencia,
domesticando bosques, silenciando los ríos,
abriendo las veredas en el frio de esta isla
donde emana esperanza del centro de la tierra,
donde llueven venganzas con gotas de su sangre
pintando las mañanas cuando nace la aurora.
.
Hay leyendas a miles, amores que se fueron
dejando en los raíles el brillo de la plata
que llora en sus barrancos,
cuando quiero ser dueño y señor del cristal
que se abandona al frio cuando cae la nieve.
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La ternura se cierne paso a paso en la edad
y me roza en silencio el sabor de los vientos,
una manzana sabe ahora a mucho más dulce
que uno de tus besos,
¡ay, cómo saben tus besos!
¡me saben a la leche que emana de tu sombra!
.
Chema Muñoz©