El destructor más común de la amistad no es el ego, no es la indiferencia ni tampoco la rudeza, es la envidia. 1 Corintios nos enseña que el amor no es envidioso. Lo cierto es que es imposible envidiar a alguien y amarle al mismo tiempo.
El destructor más común de la amistad no es el ego, no es la indiferencia ni tampoco la rudeza, es la envidia. 1 Corintios nos enseña que el amor no es envidioso. Lo cierto es que es imposible envidiar a alguien y amarle al mismo tiempo.