Todos los seres en este planeta tienen un olor específico, y Dios nos ha dado un aroma particular al cual llama: olor fragante. Éste está muy determinado por cinco aspectos que debemos ir desarrollando para que cuando nos acerquemos a su presencia Él pueda percibir un aroma agradable. El apóstol Pablo escribe en 2 Corintios 12:14-15 que nosotros somos fragante aroma de Cristo para Dios.